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27 enero 2011

 Siluetas se dibujan en las paredes de nuestra vida, dejándonos ver lo que nos permiten ver, haciéndonos creer que en ella solo existen esos desdibujados contornos, oscuras figuras que, como en la Caverna de Platón, creemos reales, sin plantearnos si quiera mirar a nuestras espaldas. Hay más, mucho más de lo que estamos acostumbrados a percibir; en los detalles, pinceladas y colores de una pintura, en lo que muestra y oculta un texto, en las grietas de un antiguo monumento, en la cadencia de la canción que hemos escuchado cientos de veces, en el tono de una voz que nos acompaña día tras día, en los rasgos de un desconocido del metro.

 Sin embargo, ciegos, sordos y mudos permanecemos; sin apartar la mirada de anodinas sombras, soñando lo que la vida podría ser, y ya es.

31 diciembre 2010

  Me gusta mirarla, porque en ella me encuentro a mí.

  Veo cuando se esfuerza por gustarse a sí misma, se mira en el espejo, se vuelve a mirar, y se acaba enfadando; porque no siempre lo que le gusta a ella le gusta al resto, ni viceversa. Refunfuña en voz tan baja que ni entiende lo que dice; quejándose de ser tan esto, o tan poco lo otro.

  Se maquilla por dentro y por fuera, intentando disimular las ojeras, las tristezas, los puntos negros, los oscuros pensamientos. Perfila sus ojos con cuidado para alejar la inseguridad de su mirada. Intenta dominar su pelo; así no le gusta. Así tampoco. Tampoco. Al final lo revuelve con ambas manos, y se va.

   Ya en la calle, se acerca al resto. Eso se había propuesto. Pero siente cómo su voz vuelve a chocarse contra el muro que solo ella construyó; esa coraza que durante un tiempo la había protegido, pero que hoy la axfisia como si de un corpiño se tratase.

  Sé cuando quiere imaginarse que tiene algo en común con los demás, que su vida es como debe ser la de otros al coger el metro y volver a casa. Sin embargo, ella, al volver, casi siempre llora; sola, en silencio, mientras escribe en su ordenador.

  Como yo.

28 diciembre 2010

"Se trata de vivir por accidente",

pues por accidente nacimos

y sin incidentes moriremos.

Como un disparo de desconocido calibre y errado tiro,

que fue a hundirse en la tierna carne

de un ser humano no tan tierno.

En él despertó el dolor y su miedo,

que por siempre le marcó también el pensamiento,

que le nubló la vista con el negro de la pólvora.

22 diciembre 2010

  Viví                                                                                      cometiendo


     pensando                                                                              tan solo 

   
     locuras;                                                                                sensateces.


15 diciembre 2010

Prometí no prometer nada que no cumpliría. Y nada, más que esto, pude prometer.
Dejé mi vida en las manos de un hombre con Síndrome de Diógenes. Y la tiró a la basura.

28 noviembre 2010

 Me he despertado y he visto un tipo que se afeita y no sabe por qué lo hace, desayuna sin ganas de beberse ese café,  sube al coche sin saber a dónde va. Cuando se mira en el retrovisor ve unos ojos que ya no están vivos. Mis ojos, que ya no lo son.

Somos parte de un mundo  que cambia constantemente, y nosotros lo hacemos a su vez. Hasta el punto de no saber quiénes somos; qué somos.

Hace años creía que todo seguiría siempre igual para mí; tendría unos amigos con los que salir cada fin de semana, una novia con la que pasar las noches, unos padres que me aconsejaran. Pero todos ellos han desaparecido. En mi vida solo quedo yo. Y soy un extraño.

12 septiembre 2010

 Aquello de lo que intentas huir te perseguirá implacablemente, de forma proporcional al temor que tus ojos reflejen.

  Si te paras, te traspasará hasta hacer de ti un despojo. Vives en una lucha continua por subsistir un día más, sin fuerzas ni aliento, cansado de esconderte, pero te falta valor para plantarle cara. Conoces caminos que podrían salvarte, pero te asustan aun más que tu pesadilla. Por ello sigues huyendo, cazador y presa en una interminable espiral, cuyo desenlace apenas puedes discernir entre tanta oscuridad.

  En toda carrera hay una meta. Llega hasta ella de una maldita vez, coge la bandera que anuncia el final y clávasela a quien durante tanto tiempo te ha hecho correr sin rumbo.