21 octubre 2012


Esquivando medidas abraza ángulos rectos. A los noventa grados que encajonan su cordura les resta los cuarenta de su whisky, fluyendo como ríos -siempre hacia abajo-.
Se evaporan en un segundo o en un año, para ascender una vez más, volviendo a enredar la confusión en sus cabellos, que a veces desentrama con un peine hebrado de palabras imprecisas.
Se ciñe el sombrero de lo absurdo para esconder una mirada, tan clara que podría retorcer el tiempo hasta formar un triste ocho caído.
Sus botas dejan pisadas en los charcos. Para qué necesita abrigo, si conoce la esencia del frío. Encendió en su mente algo más que fuego, y prende todo lo que ve. O lo que piensa, que viene a ser lo mismo.

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