Una mirada. Dice más de lo que puede callar, aquello que siente la delata. Cuando sufre se marchita en lágrimas; si se cree feliz, la oscuridad más profunda aleja de un pestañeo. Se mantiene sincera aunque las palabras no lo hayan sido; y es que los ojos no saben mentir.
Sin embargo, los tuyos sí saben cómo camuflarse. Nuestras miradas se enfrentarán, mas siempre saldré perdiendo; tú aprendiste a engañar, yo tan sólo a olvidar mentiras.
